domingo, 29 de agosto de 2010

La truculenta y misteriosa historia de una fosa común y una cana al aire.

Lo de la Memoria Histórica a veces trae más cola de la que se piensa y llega a plantear verdaderos dilemas, no sé si éticos, pero dilemas de todos modos. Y muy graves, por sus implicaciones, aunque no sea uno mal pensado.

Os cuento una historia que sucedió hace cosa de un año por aquí, y que ha vuelto a comentarse ahora, con la llegada del verano y de gente que no se había enterado aún. 

Estamos en una zona que fue limítrofe, o casi, entre los dos bandos de la guerra civil y muchas familias tienen muertos enterrados en los campos y las cunetas de la comarca, ya fuese por la acción de unos o de otros. La persona de la que voy a hablar era miembro de la CNT y fueron a buscarlo a casa los falangistas allá por el año 37. Su familia dijo que se había marchado hacía tiempo, pero alguien lo denunció, o algo sucedió, y los falangistas no se lo creyeron. Entraron a la fuerza en la casa y la registraron, pero no lo encontraron, ya que el sindicalista se había escapado por una ventana y huía a todo correr hacia campo descubierto.

Uno de los falangistas se echó el fusil a la cara y disparó variuas veces contra él, pero Martín (que no se llamaba Martín) siguió corriendo, aunque posiblemente herido. Los falangistas dieron una batida por donde esperaban encontrarlo, peor no dieron con él. Sólo hallaron rastros de sangre que confirmaban que lo habían herido.

La familia lo buscó también durante días, con la esperanza dividida entre que hubiese logrado huir y el miedo a que volvieran, pero finalmente fue su perro el que lo encontró, muerto, al abrigo de unas peñas.

Trasladar el cadáver al pueblo era un acto arriesgado, y enterrarlo más aún, pero la madre de Martín quería tenerlo cerca y unos amigos lo llevaron en secreto al pueblo, amenazaron de muerte al cura si decía una palabra, y lo enterraron en secreto juanto a su padre, fallecido hacía muchos años. Nadie dijo una palabra. Jamás.

El caso es que ahora vinieron los de la Memoria Histórica y, con la lista de desaparecidos, excavaron una fosa común en una localidad cercana. Uno de los cadáveres fue identificado como Martín, y su hermana, octogenaria, armó la marimorena porque siempre la habían tenido engañada diciéndole que su hermano estaba enterrado en el cementerio. Los hijos de esta mujer, y sobrinos de Martín, armaron un buen escándalo, pero resultó que con noventa y pico años aún vivía uno de los que enterraron a Martín en secreto, y seguía afirmanddo que allí estaba.  En el cementerio, junto a su padre.

La cosa llegó tan lejos que se pidieron muestras de ADN para la identificación, y resultó, sin lugar a dudas, que el difunto hallado por los de la Memoria Histórica en la cuneta tenía un grado de parentesco indudable con la anciana que reclamaba.

Y resultó  que exhumado el cadáver del cementerio, este TAMBIÉN tenía un elevadísimo grado de parentesco con la hermana de Martín. Mayor aún que el otro.

La conclusión, para mí, es evidente: que Martín tenía un hermano más de los que pensaba, y que mira tú por dónde, 80 años después, se supo de una cana al aire de su padre.

A veces la vida supera cualquier imaginación. Hay que joderse...

1 comentario:

  1. [...] La truculenta y misteriosa historia de una fosa común y una cana al aire www.quintopino.org/sociedad/la-truculenta-y-misteriosa-histo...  por Javert hace 3 segundos [...]

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