lunes, 18 de octubre de 2010

Yo, labrador, os maldigo



Y ahora me cuentas que los salarios no son justos, y que los patronos se aprovechan... Vale. ¿Y dónde estabas tú cuando a mí me bajaban anualmente los precios de mis productos?

Eres un mierda. Yo te maldigo.

Porque comprábais las lentejas mexicanas que eran tres pesetas más baratas.

Porque comprábais la leche holandesa, que era cinco pesetas más barata.

Porque los cerdos se traían de Bélgica, diez céntimos más baratos en kilo.

Porque aquí hubo que matar las ovejas, arrancar las viñas, arrancar los olivos, y olvidarse del cereal, que no podía competir con la producción exterior.

Porque proteger nuestra remolacha era perjudicar a los productores azucareros del tercer mundo. 

Porque el maíz lo produccen a mitad de precio en América.

Porque la oveja vale la pena traerla desde Australia.

Porque las patatas de Centroeuropa cuestan la mitad...

Por todo eso, y por lo que me callo, resulta que ahora tienes una ferretería y te joden los chinos.

Trabajas en las textiles y te hunden los asiáticos.

Trabajabas en la electrónica y se  llevaron la empresa a Corea.

Trabajabas en la automoción y se llevaron la planta a Marruecos.

Trabajabas en una mina y compran el carbón en Polonia o en Suráfrica.

Trabajabas en tu casa y vino un pakistaní que cobra la mitad....

¿Y me dices que es culpa del patrono, que no paga lo justo?, ¿pagabas acaso tú lo justo por mis tomates o mis patatas? Pagabas siempre el mínimo, lo menos que podías y te daba por el saco que yo doblase el espinazo de sol a sol. Entonces no pensabas en la injusticia social, y sigues sin pensar en ella cuando vas al supermercado y compras la leche a cincuenta céntimos. Pides que el partrono no contrate ecuatorianos o les pague lo mismo que a ti. Yo pido que la leche y la ternera te Holanda te cuesten lo mismo que la mía. Pero no. Eso te la suda.

Y yo te madigo. Ojalá te revienten como me reventaste a mí, o como intentaste hacerlo. Ojalá te escuchen tanto como a mí me escucharon. Ojalá te ayuden como a mí, con subvenciones de caridad y hambre para tus hijos. Ojalá revientes como un perro compitiendo con los indios, con los chinos, con los senegaleses que cavan las zanjas mejor que tú y a mitad de precio.

Para que aprendas que si miramos precios, los miramos todos. Y si miramos el propio interés, no lo miras tú sólo en la cesta de la compra, sino también el patrón en las nóminas. Con el mismo derecho.

Hax pax mas deus animax!!!

3 comentarios:

  1. eso se solucionaria si la gente además de mirar el precio de las cosas, mirara el país de origen (si no, al menos parcialmente....)

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  2. Eh, menos gritos milagritos, que las subvenciones al campo las hemos pagado todos, saliendo beneficiados muchas veces in tener que invertir nada. Así que aquí estamos todos en el mismo barco... Eso de pelearse entre nosotros nada.
    Es el caso de las ayudas al carbón, que no cabrón, al lino, al girasol, el PER y toda la retaila de ayudas que hay. Asín que chitón.

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  3. Ya hablo de ayudas de caridad.

    Y estoy de acuerdo: para mí la subvención, y para ti el subsidio de desempleo.

    Y nos jodemos los dos, tumismo.

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