miércoles, 29 de diciembre de 2010

los lamentos de la trucha

Ahora con frialdad, y con algún tiempo para la reflexión, la cosa está bastante clara: el Gobierno le tendió una trampa a los controladores aéreos, usando a los ciudadanos como cebo. Esto, se mire como se mire, es una marranada, y se mire como se mire también hay que reconocer que los controladores aéreos picaron como truchas de río, acostumbrados a ser la ballena blanca a la que ningún harpón podía vencer.

La idea es antigua, pero algunos colectivos parece que no aprenden nunca: se puede vencer a muchos muchas veces, pero no se puede vencer a todos todo el tiempo. Los controladores habían conseguido lo impensable con Suárez, con Felipe González, con Aznar y con el propio Zapatero, y eso les había hecho sentirse invulnerables. En sus cuentas y en su retórica campaban conceptos como hacer arrodillarse, doblegar y romper la espalda al Gobierno. Llevaban treinta años así y no es de extrañar.

Ahora se lamentan de la avalancha de demandas, de la militarización y de todo lo que puede venirles encima, pero es demasiado tarde. Los suyos son los lamentos de la trucha que, en el cesto del pescador, quiere aún contar a todo el mundo que se utilizaron contra ella cucharillas no autorizadas, redes, o algún otro método ilegal de pesca.

Los engañaron, es cierto, y es cierto que nos utilizaron a todos, en el peor momento, como rehenes para la jugada, pero no es menos cierto  que la trucha, o sea lo controladores, bien podía haber dado marcha atrás en el último momento para escapar del escabeche. No lo hicieron y lo que les sucede es culpa suya. Por no conocer su papel. Por no conocer sus verdaderas fuerzas. Por haber perdido el sentido de la realidad a fuerza de victorias demasiado fáciles. Por no saber con quién trataban.

Todo este tema, más que a conflicto laboral o a enfrentamiento político, suena a ajuste de cuentas entre dos bandas rivales de gangsters. Aunque ahora quieran vendernos la épica de los derechos resentidos o la defensa a ultranza de los serviciso públicos, para mí está claro que nos escamoitean el verdadero guión de la película: en lugar de Guerra y Paz, rodaron el Padrino.

3 comentarios:

  1. Simplificas mucho el cuento, menos mal que no eres historiador, entonces dirias que los judios no se echaron a tras a tiempo, y que los nazis, como buenos pescadores, tuvieron que poner una psicifactoria en Mathausen.

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  2. Oye, cuidado con la H del arpón, que nos empalas con ella.

    :-)

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  3. No sé, Fabuleand, no xcreo que lso judíos anduvieran treinta años puteando el ambiente con los nazis ni imponiéndoles cosas. Me parece que te deslizas, ¿eh?

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