viernes, 7 de enero de 2011

No vendas la finca del abuelo

De acuerdo: la economía de subsistencia no es una opción apetecible, pero estamos en un momento en el que hay que pensar que la subsistencia, cualquier subsistencia, puede ser una opción necesaria.

Con la finca del abuelo sucede en cierto modo lo mismo que con una póliza de seguros: es mejor no tener que usarla, pero si llega el caso de verse en la necesidad es mejor tenerla que no tenerla. ¿O no?

Os cuento todo esto porque en los últimos meses estoy observando algo que me deja sorprendido: en algunos pueblos de estas montañas está empezando a aparecer gente que hacía meses y años que no veía por aquí, y algunos incluso se quedan, y empiezan a hacer pequeñas reparaciones en la casa del abuelo, y limpian el pozo, y hasta plantas unas cuantas patatas, lechugas y tomates en un trozo de tierra que a veces no es ni siquiera suyo, ni le importa a nadie porque está el pueblo entero baldío.

La vida en el pueblo es dura, y más que dura, aburrida, sobre todo si se han adquirido ciertas costumbres que luego se creen imprescindibles. Sin embargo, aquí se vive con muy poco y eso nadie lo puede negar.

Con la vivienda pagada desde hace cien años o a precio de risa, con la despensa llena de lo que tú mismo crías o cultivas, cualquier pequeño ingreso que se consiga se convierte en dinero de verdad que da mucho de sí. La prueba es que los jubilados las pasan putas en toda España con las pensiones que reciben y aquí el jubilado no pasa apreturas, porque con seiscientos o setecientos euros al mes tiene mayor renta disponible que muchos trabajadores en activo en la ciudad.

¿Echamos cuentas? Si ganas 1200 € en la ciudad y te cuesta 500 € la vivienda, ya sea por hipoteca o por alquiler, te quedan 700. Paga la comunidad, los recibos de la luz y la cesta de la compra y verás lo que queda de libre disposición. Aquí, en cambio, la vivienda te puede salir a 100 € como mucho, la compra se queda en muy poca cosa y hasta el aparcamiento te sale de balde. Aquí, con 400 euros vives. Apretado, pero vives. Porque el IBI es una broma. Porque las tasas municipales son cuatro perras... Por muchas cosas.

Si alguien tiene alguna propiedad en el campo, que siga mi consejo: que al cuide un poco, que le dé un repaso al tejado y una mano de pintura en un rato perdido. Porque quizás no necesite nunca volver a la casa del abuelo, ni volver a poner patatas en su finca, pero si las cosas siguen empeorando es una póliza de seguro que vale la pena tener en cuenta.

Porque hay otras  formas de vivir, aunque no queramos tenerlas en cuenta por costumbre, comodidad o manías.

Pero la pobreza es eso: la reducción de las cosas entre las que podemos elegir. Así que ojo...

1 comentario:

  1. Muchas veces se acaban vendiendo estas propiedades mas por los problemas económicos de los hijos que por la propia persona propietaria

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