sábado, 8 de enero de 2011

Por favor, no me lo cuentes. La confidencia indeseada

¿No os ha ocurrido alguna vez que alguien os cuente un secreto y crea que os está haciendo un favor cuando en realidad os está dando por el saco? A mí sí. Constantemente.

Las confidencias son siempre perniciosas cuando no tienen por objeto simplificar la vida de otro. Y casi nunca tiene esa intención. Cuando alguien te hace una confidencia no busca mejorar tu vida ni ayudarte en algo, sino tomar un cierto tipo de control sobre ti, dosificando lo que sabes y lo que no sabes e intentando condicionar tus decisiones en función de esa información que te ofrece tamizada por su opinión y sus intereses.

El que te hace una confidencia a menudo lo que está haciendo es desahogarse o quitarse un peso de encima por el simple procedimiento de pasártelo a ti. ¿Qué otra cosa puede significar el desahogo que ahogar a otro con sus angustias? Por eso los que cuentan cierta clase de cosas necesitan contárselas a personas que se vayan a sentir afectadas por lo que escuchan y no se conforman con ir a soltar lo que sea a un confesor o un psicólogo. El confesor y el psicólogo son, en cierto modo, profesionales de la confidencia y ni se sienten afectados ni le importa en realidad lo que escuchan, causando así el rechazo del que necesita cargar a otro con sus asuntos.

Yo estoy siempre dispuesto a escuchar a cualquiera, pero creo que en este año nuevo voy a tomar la resolución de decirle a todo el mundo que lo que se me diga NO quedará entre nosotros. Que si prefiere que sea privado o secreto, que se  lo guarde. Y entonces veremos cuántos siguen prefiriendo el daño emocional al otro a seguir cargando a solas con su historia.

Porque el confidente es eso, demasiadas veces: un terrorista emocional.

4 comentarios:

  1. [...] Por favor, no me lo cuentes. La confidencia indeseada www.quintopino.org/sociedad/por-favor-no-me-lo-cuentes-la...  por Javert hace 4 segundos [...]

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  2. [...] Por favor, no me lo cuentes. La confidencia indeseada [ www.quintopino.org ] [...]

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  3. Es que según que te cuentan te conviertes en cómplice. Hace un tiempo le pedí a un amigo que dejase de contarme sus pirulas fiscales, entre la mala leche que me causaba y lo que comento le dije que no quería saber nada

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  4. Información Bitacoras.com...

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