lunes, 14 de febrero de 2011

El falso debate sobre lo publico y lo privado.

Cada vez que se acercan elecciones, cualquiera, se pone de moda otra vez el debate entre la conveniencia de adelgazar el sector público o la necesidad de dejar en manos del Estado una serie de cuestiones que no pueden ser gestionadas por empresas con ánimo de lucro. Al principio, como un pardillo, pensaba que el debate era real, pero con el tiempo me he convencido de que se trata muchas veces de una pelea de cavernícolas y otras, las buenas, de un simple paripé para que nada cambie y nada se sepa.

Por una parte tenemos a un grupo de gente que quiere que se privaticen los servicios públicos para poder darle las concesiones a sus amigos, cobrar la comisión correspondiente y embolsarse los beneficios de lo que ya era rentable, engordando sus arcas.

Por otro, tenemso a los que no se ven capaces de competir por nada, ni por un puesto de trabajo, ni por cosa alguna que dependa de los cambios y vaivenes de la vida y quieren que todo sea fijo, independiente del resultado y pagado de antemano. Estos, por supuesto, nacionalizarían hasta los kioscos de gominolas.

Lo que no veo por ninguna parte es gente que se pregunte las razones de que unos u otros servicios sean públicos o privados, y mucho menos aún, gente que se pregunte por qué algunos servicios son rentables en manos privadas y causan pérdidas cuando son de todos.

¿Por qué, por ejemplo, cuesta la mitad cada niño en una escuela concertada de lo que cuesta en una escuela pública?

¿Por qué las Cajas de Ahorros han perdido tres y cinco veces más dinero que los bancos en sus operaciones comerciales? No pregunto por su obra social, no, sino por la parte comercial. ¿Por qué?

¿Por qué cuesta más mantener una autovía que una autopista?

¿Por qué las eléctricas pagaban maravillosos dividendos de sus beneficios cuando eran públicas y ahora los siguen pagando pero nos dicen que hay un déficit de tarifa?

La discusión real no está, para mí, en si un servicio es público o privado, sino en por qué preferimos que sea así, y qué podemos hacer para que de una santa vez se rompa la maligna equivalencia entre privado y beneficios, público y pérdidas.

Pero las causas, como siempre, no interesan...

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